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La colaboración como eje de las Ciudades Inteligentes

Chile atraviesa por uno de sus periodos sociales y políticos más importantes de su historia reciente. Ésta es una opinión que ha encontrado consensos en diferentes sectores y que llama a mirar con atención los desafíos que se presentan para los próximos años. En este sentido, la colaboración ha ido apareciendo públicamente como una de las formas en que el país podrá, y deberá, salir adelante ante un escenario económico adverso, principalmente en 2022. 

La colaboración, como concepto, es también uno de los ejes cuando hablamos de Smart Cities. Y es claro que esta analogía inicial no es aleatoria: en un país que mira hacia el desarrollo, las ciudades inteligentes cobran un valor fundamental y para sacarlas adelante e instaurarlas como modelo sustentable que requiere, precisamente, de ese trabajo conjunto entre los distintos actores de la sociedad civil, además de políticas de Estado claras que den soporte a su extensión dentro del territorio nacional. 

Y cuando nos referimos a las Smart Cities, o ciudades inteligentes, el concepto de colaboración se amplía hacia otros ámbitos igualmente importantes. Pensemos por ejemplo en la cantidad de datos que circulan dentro de un territorio y la forma en la que esta información debe conversar con otros dispositivos o tecnologías para que permitan tomar decisiones acertadas ante desafíos concretos. Hablamos, entonces, de una colaboración que adquiere otras dimensiones, igualmente importantes, para cada uno de los procesos que forman parte de la construcción y el funcionamiento de una ciudad inteligente. 

Un artículo publicado por Forbes a comienzos de diciembre de 2021, apunta precisamente a este concepto y cómo debe ser entendido dentro del lenguaje de las smart cities. Al trabajo coordinado entre organizaciones y a la implementación de tecnologías abiertas y de fácil acceso y uso, se suman otros aspectos esenciales, como la existencia de una regulación entendida y validada por los diferentes actores y que dé un soporte legal para cada uno de los avances que se busca implementar en este nuevo concepto de ciudades. De la misma forma, conceptos como ciberseguridad o el correcto entrenamiento en nuevas tecnologías para quienes operarán las nuevas plataformas sobre las cuales se alzarán las smart cities, se vuelven centrales en esta ecuación. 

En este mismo análisis, Kalyn Sims, Chief Technology Officer de la división de Safety & Infrastructure en Hexagon, afirma que una correcta mezcla entre el soporte externo y el compromiso interno, los diferentes departamentos y reparticiones dentro de una ciudad, serán capaces de transformar los datos y el conocimiento que surja de su análisis en “ecosistemas colaborativos” que pueden “sentir, decidir y actuar en la medida que la ciudad crece”, lo que, a su juicio, “es seguramente la forma inteligente de administrar una smart city”. 

En resumen, la realidad que enfrenta Chile en la actualidad nos invita a reflexionar sobre cómo hacer de la colaboración un eje no sólo de las relaciones a nivel social y político, sino que como un elemento de valor en los desafíos que se presentan para la masificación de las Smart Cities. Esto, sin duda, abre el camino para encontrar nuevas dinámicas e innovaciones tecnológicas para ir al encuentro de los ecosistemas a los que se refiere Sims, lo que, sin duda, cimentarán un camino próspero para la nueva generación de ciudades inteligentes en nuestro país. 

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