Con el paso del tiempo, y con el avance de la tecnología, se acuñó uno de los términos que podría considerarse como el destino de todas las urbes alrededor del mundo: las ciudades inteligentes. Esta definición engloba los avances que la digitalización trae para transformar espacios urbanos en lugares en donde la calidad de vida sea mejor y más acorde a las necesidades propias de territorios que crecen, avanzan y se intersectan en múltiples niveles cada vez más. 

Una nueva realidad llegó de la mano de las Ciudades Inteligentes Abiertas, entendidas, orgánicamente, como el paso siguiente en la conceptualización de una forma de vida que busca imprimirse también en y desde los espacios urbanos. Si bien con las primeras el objetivo es gestionar de manera eficiente la información que genera la ciudad y sus habitantes, con la segunda se busca que el contenido que surge de esa innovación sea útil para la vida cotidiana de la población. Con esto, se incentiva que los diferentes actores que participan del devenir de la ciudad -el sector público y privado, la academia, organizaciones de la sociedad civil y las propias personas- contribuyan con el uso y la interpretación de esos datos para agregar nuevas capas de progreso en un determinado territorio. Ésta puede ser considerada la principal distinción entre los dos conceptos. 

De acuerdo a la información desarrollada por Future Cities, las Ciudades Inteligentes Abiertas se construyen sobre la base de un grupo de principios específicos: inclusión, foco en el usuario, confianza y transparencia, impulso por la tecnología, resiliencia y adaptabilidad, participación, optimización de recursos y abierta por principio. Estos conceptos permiten que la reflexión sobre cómo se espera que sea la vida en estas ciudades, así como su desenvolvimiento diario, sean compartidos y más transversales, lo que impacta, como consecuencia, en las decisiones que se toman sobre ella. En el fondo, las personas dejan de ser meras receptoras pasivas de un diseño pre-determinado y se transforman en participantes y agentes activos del territorio que habitan. 

Éste es uno de los aspectos más importantes que caracterizan a las Ciudades Abiertas Inteligentes y que las diferencian de los diseños tradicionales o análogos: no son los datos ni la tecnología en sí los que resolverán los problemas que enfrenten estos espacios urbanos. Se trata, en cambio, de la instalación de un nuevo paradigma, donde las soluciones no son apenas operativas o cosméticas, sino que requieren de una visión de largo plazo y el trabajo coordinado e interligado de las distintas instituciones. Existe una intención clara de aprovechar estos insights que entrega la tecnología para que estas nuevas ciudades sean capaces de adaptarse a los desafíos que trae consigo el paso del tiempo.