Los desafíos que trajo la pandemia provocada por el Covid-19, no sólo puso a prueba el nivel de respuesta de los gobiernos alrededor del mundo. También sirvió de terreno fértil para que la tecnología pudiera desplegarse de la mejor forma posible, no sólo frente al desafío de mantener a los países funcionando a nivel general en términos de servicios públicos y privados, sino que, y de forma particular, en el monitoreo, control de los contagios y en el desarrollo de soluciones que permitan mantener a raya la propagación del virus.

El cruce de todas estas variables es lo que hoy permite afirmar que las ciudades inteligentes fueron capaces de dar un gran paso adelante precisamente en medio de esta pandemia. Gracias a desarrollos como la Inteligencia Artificial, aquellos aspectos que tenían un fuerte componente ‘análogo’, han sufrido cambios importantes en sus funcionamientos. 

En México, por ejemplo, específicamente en la ciudad de León, Guanajuato, gracias a la IA se pudo dar un nuevo uso a un sistema diseñado inicialmente para medir aspectos como la calidad del aire y la movilidad urbana. En medio de la pandemia, dieron un nuevo uso a los datos, lo que permitió medir el nivel de resultado de los los mensajes emitidos por la autoridad en relación con el Covid-19. 

En otro caso, también relacionado con aspectos como los movimientos de las personas, surgió Mediktor, una app gratuita creada por el médico especialista en cuidados intensivos Óscar García-Esquirol y el ingeniero industrial Cristián Pascual. En este caso, localizado en España, la IA contribuye en la evaluación de síntomas del Coronavirus, lo que determina el grado de urgencia de la persona y que ayuda a no sobrecargar el trabajo en centros de salud al entregar pre-diagnósticos e información específica sobre el tipo de especialista que la persona debe consultar. Finalmente, en Londres y Manchester, la Inteligencia Artificial ayuda a detectar a las personas que entran sin máscara en determinados centros comerciales o tiendas, a través de los circuitos cerrados de TV y cámaras instaladas en distintos puntos.

Ahora bien, pensemos, por ejemplo, en el transporte público y cómo la obligación del distanciamiento física empujó a un uso intensivo de la tecnología para hacer más eficientes los desplazamientos dadas las condiciones de las ciudades bajo confinamiento o de aquellas que se ven enfrentadas a nuevos ritmos y dinámicas. En este sentido, aspectos como la frecuencia de los trenes subterráneos, buses y autobuses, semáforos o uso de aplicaciones inteligentes, se han debido reajustar a los nuevos trazos de ‘normalidad’ que lentamente se identifican en distintas ciudades. 

Ciudades como Bogotá y París, comprometidas con transformarse en ciudades inteligentes, implementaron vías especiales para desplazamientos en bicicletas mediante el uso de vías ya existentes, lo que inspiró a otros países a adoptar las mismas medidas. Éste es apenas uno de los ejemplos que nos muestra cómo este modelo de ciudad al que aspiran diversos países en el mundo, pueden dar importantes pasos hacia otras formas de funcionamiento. 

Estas transformaciones van al encuentro de diversos informes que reflejan estos cambios impulsados por el Covid-19 en distintas ciudades. Uno de ellos, desarrollado por la OCDE en conjunto con la Fundación Aquae, se centra en el concepto de la “ciudad de los 15 minutos”, en relación con el tiempo en que debiera demorar una persona en vincularse e interactuar con los diferentes servicios que le permitan un mejor vivir dentro de un espacio urbano. De igual forma, el Índice IESE Cities in Motion, el que se refiere a la importancia de trabajar sobre el concepto de “resiliencia urbana”, es decir, que las ciudades sean capaces de enfrentar y sobreponerse a situaciones como la generada por la actual pandemia. 

En este sentido, sería muy interesante ver cómo Chile se acerca al desarrollo de ciudades inteligentes, tomando la experiencia de otros territorios, con una identidad propia. Es claro que cada lugar cuenta con necesidades particulares y recursos específicos y Chile no está exento. Además, quizás estamos transitando una crisis que nos está abriendo una real oportunidad de cambio hacia la masificación de territorios más sostenibles, inteligentes y que representen una mejor calidad de vida para quienes las habitan