El avance de las ciudades hacia modelos más inteligentes, es decir, más interconectadas gracias a la digitalización y que abren nuevas perspectivas desde el punto de vista de la relación entre las personas y el espacio que habitan, representa un nuevo modo de vivir que requiere determinadas políticas y protocolos que mantengan seguros los datos que por ellas transitan.

Contrario a lo que se pudiera pensar, sobre todo si miramos los primeros pasos que dieron las empresas en su camino de la digitalización, en que optaban por manejar sus datos de forma centralizada en proveedores de servicios centralizados, una de las innovaciones que viene de la mano con la masificación de las ciudades inteligentes está relacionado con una administración descentralizada y eficiente de los datos de las personas. 

El principal cambio viene impulsado por SocialBlock, una arquitectura desarrollada por Víctor García Font, investigador del grupo K-riptography and Information Security for Open Networks (KISON) del Internet Interdisciplinary Institute (IN3), y de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Gracias a esta nueva alternativa, se avanza hacia la creación de aplicaciones centradas en las personas que usan un determinado servicio. “La clave de la gestión descentralizada es que sea el generador de la información —la ciudadanía, en muchos casos— el que la controle y pueda almacenarla, y que él decida a quién la cede”, dijo García Font.

Para tener una idea concreta de esta nueva arquitectura, el investigador se refiere a situaciones como la presentación de quejas o reclamos ante una institución o incluso la notificación de determinadas emergencias. De esta forma, un efecto inmediato de este cambio de paradigma es que se reduce fuertemente la dependencia hacia los proveedores de servicios y se devuelve el control de los datos a las personas que tienen como responsabilidad las comunicaciones e interacciones dentro de las ciudades inteligentes. Otro aspecto positivo es que se vuelve más fácil acceder a ellos desde diversas plataformas, reduciendo el riesgo de perder la información ante situaciones de catástrofe natural o atentados, por ejemplo. También, se reduce la posibilidad de robo por parte de hackers u organizaciones que comercializan ilegalmente estos insumos de alto valor. 

Al igual que cuando hablamos de criptomonedas, la arquitectura de SocialBlock utiliza tecnología blockchain, lo que ha permitido, en el caso de las transacciones monetarias, que en vez de que los bancos sean los que concentran la información, es la ciudadanía la que va regulando su uso a través de la implementación de protocolos comunes y compartidos por la comunidad. En términos específicos, este nuevo paradigma funciona a través de dos tipos de comunicación: entre dos usuarios o desde un usuario hacia un grupo. Es aquí donde, indudablemente, queda de manifiesto el control y la seguridad que se puede aplicar sobre estos datos, lo que reduce a niveles mínimos cualquier riesgo de robo o mal uso de esta información.